Ahora que ya han pasado unos días y he podido digerir esas cantidades inhumanas de comida y bebidas purificadoras creo que es un buen momento para resumir cómo fue la calçotada del sábado 20 en Altafulla.
Sobre las 12.00 de la mañana, vascos, catalanes, madrileñas e incluso colombianas nos dirijimos hacia las propiedades de los hermanos Blanch, que quedan al noreste de Altafulla. Allí nos esperaba impaciente Jordi, uno de los hermanos que se dedica a la explotación agrícola de diversos productos, yo creo que feliz, por haber reunido a un grupo de gente joven que esperaba impaciente su explicación entorno al producto. La visita fue muy amena, curiosa y entretenida. Mientras paseábamos al lado de cosechas enormes de calçots nos iba explicando el producto, los procesos, las diferencias entre cebollas, etc. Acertamos en la época en la que acudimos a visitarlos porque, como bien ya sabemos todos, el proceso de elaboración del Calçot de Valls es de un año y pudimos ver dos momentos claves en la vida del calçot: cuando lo plantan hasta que empieza a crecer el bulbo de la cebolla y cuando lo recogen y está dispuesto para asarse.


